Antes de construir tableros, los usé. Durante diez años fui la persona del otro lado: la que captura, la que verifica y la que tiene que explicar por qué el número del reporte no cuadra con lo que pasó en la ventanilla.
En la banca de gobierno administré bases con cientos de miles de registros y preparé los reportes con los que se auditaba el programa. Ahí aprendí que un sistema no falla el día que se cae: falla el día que obliga a la gente a inventar un atajo para poder trabajar.
Y desde 2009 soy guía de turistas certificado. Llevar grupos enseña otra cosa: la operación real nunca se parece al diagrama. Por eso los sistemas que construyo hoy descuentan inventario cuando una persona lo confirma, no cuando el software cree saberlo.
Hoy diseño, construyo y opero esos sistemas. Sigo siendo el que tiene que explicar el número — sólo que ahora también escribo la regla que lo calcula, y me obligo a que diga la verdad aunque sea incómoda.